El embudo de una parrilla: tiro, altura y control del humo
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Griglia | Ing. Hernán Soto Escalante

El embudo de una parrilla: tiro, altura y control del humo

El humo de una parrilla sube por una diferencia de presión que depende de la altura del conducto y de la temperatura del humo. Qué la gobierna y qué la arruina.


Cuando una parrilla echa humo al quincho, la primera sospecha recae sobre la leña, el carbón o el viento de ese día. Casi siempre el problema está más arriba: en el embudo, la campana que recoge el humo y lo conduce por la chimenea hacia afuera.

El embudo no es una tapa con un caño. Es una pequeña máquina térmica, y funciona o no funciona según dos números que se definen al proyectarlo: la altura del conducto y la relación entre la boca que recoge el humo y la sección por donde sale.

Lo que hace subir el humo

El humo no sube porque sí. Sube porque dentro del conducto hay una columna de gas caliente, más liviana que el aire exterior, y esa diferencia de densidad genera una diferencia de presión que empuja el aire frío hacia la boca y el humo hacia arriba. Es el tiro.

La física es la del efecto chimenea, y se expresa en una relación simple: el tiro crece en proporción directa a la altura del conducto y a la diferencia de temperatura entre el humo y el aire exterior. Con aire a 20 °C, los órdenes de magnitud quedan así:

Altura del conductoHumo a 100 °CHumo a 150 °C
3 m7,6 Pa10,9 Pa
6 m15,2 Pa21,8 Pa

Son valores teóricos, sin descontar pérdidas por rozamiento ni por cambios de dirección, pero muestran la escala del fenómeno. La literatura técnica alemana de hogares a leña toma como referencia un tiro del orden de 12 Pa. Es una presión diminuta: la que ejerce una columna de agua de poco más de un milímetro. Todo el funcionamiento del embudo depende de no desperdiciarla.

Y esa escala explica el comportamiento que cualquiera observa en el quincho. Al encender, el conducto está frío, el humo pierde temperatura en el camino y el tiro es mínimo: la parrilla humea. A medida que el conducto se calienta, el tiro se establece y el humo empieza a subir ordenado. Un conducto corto nunca llega a acumular el tiro suficiente para vencer una ráfaga.

La boca y la sección

La segunda variable es geométrica: cuánto humo tiene que evacuar el conducto en relación con el tamaño de la boca que lo recoge.

Las referencias disponibles vienen de hogares y barbacoas de mampostería, y no coinciden entre sí:

ReferenciaSección del conducto respecto del área de la boca
Código residencial estadounidense (IRC R1001), hogares con boca rectangular1/10 (1/8 si la boca es muy alargada; 1/12 si el conducto es redondo)
Práctica brasileña de churrasqueirasdel orden de 1/10
Guías italianas de barbacoa de mampostería1/6

La dispersión tiene una explicación. Un hogar cerrado recibe el aire justo que necesita la combustión, y su humo sale caliente y concentrado. Una parrilla es lo contrario: una boca abierta, de gran ancho, por donde entra mucho más aire que el necesario para quemar. Ese exceso de aire enfría y diluye el humo, y un humo más frío genera menos tiro por metro de conducto. Por eso las proporciones de un hogar no se trasladan tal cual a una parrilla, y por eso las guías de barbacoa tienden a pedir secciones más generosas.

La práctica italiana suma dos datos útiles: una altura de campana, desde la grilla hasta la garganta, de 60 a 90 cm, porque con menos de 60 el humo desborda y con más de 90 se pierde el calor; y paredes de campana inclinadas entre 45° y 60° respecto de la horizontal, para que el humo converja sin arremolinarse.

Hay además un límite en el sentido contrario, que es menos intuitivo. Un conducto sobredimensionado también tira mal: el humo se desplaza lento, se enfría contra las paredes y pierde la diferencia de temperatura que lo hacía subir. Agrandar la chimenea no es una solución genérica al humo.

El recorrido del conducto

Cada cambio de dirección consume parte de esos pocos pascales. La guía italiana estima que una salida horizontal a 90° reduce el tiro entre un 30 y un 40 %, y recomienda que la unión entre la garganta y el conducto no se aparte más de 30° de la vertical. La práctica brasileña coincide: si hay que desviar el conducto, dos codos de 45° en lugar de uno de 90°. Y en ningún tramo conviene un estrechamiento ni un ensanche brusco.

El conducto ideal es recto, vertical y de sección constante. Cada concesión a la arquitectura del quincho se paga en tiro, y hay que compensarla con altura.

Dónde termina la chimenea

El último tramo es el que más se decide por estética y el que más problemas genera.

El viento que golpea contra una fachada o un techo forma una zona de sobrepresión, y si la boca de la chimenea queda dentro de esa zona, el humo no sale: vuelve. Por eso las reglas de terminación de todos los países se parecen:

ReferenciaTerminación de la chimenea
Regla estadounidense “3-2-10”Al menos 0,9 m sobre el punto donde atraviesa el techo, y al menos 0,6 m por encima de cualquier parte del edificio a menos de 3 m
Norma francesa (DTU 24.1), techo con pendiente mayor a 15°Al menos 0,40 m por encima de la cumbrera y de cualquier obstáculo en un radio de 8 m
Práctica brasileña de churrasqueirasAl menos 0,50 m por encima del techo

En un quincho adosado a la casa, la cumbrera de la vivienda suele ser el obstáculo que manda. Una chimenea que sobrepasa el techo del quincho pero queda por debajo del de la casa trabaja dentro de la zona de sobrepresión cada vez que el viento viene del lado equivocado.

El sombrerete protege de la lluvia, y los modelos giratorios u orientables ayudan a que el viento no entre por la boca. Pero ningún sombrerete compensa una chimenea mal ubicada: corrige un problema de terminación, no uno de altura.

Un caso que no depende del embudo

Hay un escenario en el que un embudo bien dimensionado igual humea: cuando el ambiente está en depresión. En un quincho cerrado, o integrado a una cocina con extractor en marcha, el extractor compite por el aire con la chimenea. Y como el tiro natural es de apenas unos pascales, basta un extractor doméstico para invertirlo. La referencia técnica norteamericana es clara en la solución: no es más chimenea, es aire de reposición, una entrada de aire exterior para que el ambiente no quede en depresión.

El material del embudo

La temperatura del humo en la campana de una parrilla abierta es moderada, porque el exceso de aire la diluye. Eso admite chapa de acero al carbono pintada con esmalte de alta temperatura, acero inoxidable o chapa galvanizada, que la asociación estadounidense de galvanizadores considera apta en exposición continua hasta unos 200 °C.

El punto a cuidar es la garganta, el tramo más cercano a la brasa, donde la temperatura puede superar ese valor en un fuego fuerte. Y el mantenimiento: la grasa y el hollín que se condensan en las paredes frías del conducto son combustibles. La norma estadounidense de chimeneas, NFPA 211, pide inspección anual y limpieza cuando se acumulan depósitos. En una parrilla de uso semanal, el conducto que no se limpia termina reduciendo su propia sección.

Lo que deja la experiencia

Casi todos los problemas de humo de una parrilla se resuelven al proyectarla y muy pocos después de construida. La sección y la altura del conducto, el recorrido y el punto donde termina la chimenea se definen con el quincho en planos. Una vez levantado, las correcciones posibles —un sombrerete, un extractor, un tramo más de caño— atienden síntomas.

Por eso el embudo se dimensiona junto con la parrilla y no como un accesorio que se agrega al final. La boca, la campana y el conducto son una sola pieza de ingeniería, y el humo que sube ordenado es la prueba de que las tres quedaron en proporción.


Este apunte forma parte de la serie sobre parrillas, arquitectura y metal a la vista. Se complementa con por qué dos parrillas iguales cocinan distinto y con el asado argentino y la parrilla que hace la diferencia.

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